El alma de las historias: ¿Somos monstruos o héroes?

Por Alejandro Aulestia

¿Para qué contamos historias?

En el 2015, en Ramadi, ciudad en el centro de Irak, miembros del grupo terrorista ISIS estaban escondidos en un edificio en ruinas, rodeados por soldados del ejército estadounidense. Era imposible imaginar un escape. Imposible…

Minutos después, los terroristas no solo salieron caminando, sino que también hirieron a varios soldados norteamericanos. 

¿Cómo lograron escapar de esta situación? 

Con una de las tácticas de defensa más infames que se le haya podido ocurrir a un grupo de seres humanos: 

Se amarraron niños al cuerpo, niños iraquíes. Los usaron como escudos humanos. 

Cuando los soldados estadounidenses vieron esto, no pudieron disparar. Sabían que tenían que hacerlo, pero simplemente no pudieron… 

Casi cincuenta años antes, el 16 de marzo de 1968, un grupo de 26 soldados estadounidenses, desplegados en el Distrito de Son Tinh, en Vietnam, mutilaron y luego asesinaron a niños. 

Todo esto frente a sus madres, quienes minutos antes habían sido violadas y asesinadas por el mismo grupo de soldados. Los soldados que no participaron, se quedaron ahí, callados e incómodos.

My lai masaccre, el alma de la historia de un grupo de millitares en vietnam

Dos caras de la misma moneda. 

Ahora sabes esto. Ahora no hay vuelta atrás. Durante años he visto dos tipos de reacciones a estas historias, una es la de los completamente cínicos, quienes dicen cosas como: 

«Merecemos morir», «odio la humanidad» “el imperio asesino” o «la única forma de acabar con el sufrimiento es si todos los seres humanos se extinguen». 

Una vez  pregunté a una de estas personas si los bebés que fueron víctimas de estas masacres no eran seres humanos también, a lo que me respondió que se refería a los seres humanos «malos». 

Ella sólo quería matar a los malos.

Y eso plantea una segunda pregunta: 

¿Quién decide quiénes son los malos? 

Y una vez tomada esa decisión, la tercera pregunta sería:

¿Está bien asesinarlos? ¿A los “malos”?

Los nazis creían que los judíos eran los malos. Fidel Castro creía que los homosexuales lo eran. Stalin creía que eran los burgueses o empresarios. Y los miembros de ISIS estaban convencidos de que los malos no eran ellos, sino los infieles de occidente.  

Muchas personas creen que, por alguna razón, la maldad no está en ellas.  Estas personas piensan que si tuvieran el poder harían las cosas diferente. 

Maximilien Robespierre por ejemplo, se pasó toda su juventud hablando contra la monarquía francesa. Luchó por los derechos de los desposeídos y por la abolición del esclavismo en Francia. 

Pero cuando llegó al poder, se transformó en un dictador y 16,594 personas fueron ejecutadas bajo sus órdenes. Dieciséis mil quinientos noventa y cuatro muertos porque él decidió que eran malas personas. 

Es importante que te reconozcas en estas historias y luego decidas por tu cuenta y con valentía si vas a ser un monstruo o un héroe. Un asesino o una víctima. 

¿Vas a matar a los que tu crees que oprimen a los pobres? ¿Cuántos son estos opresores? ¿100? ¿1000? ¿16,594? 

¿Quieres acabar con la pobreza? esa es la causa de una persona buena ¿no? 

Entonces ¿Vas a apoyar que los bebés de los pobres dejen de nacer para acabar con la pobreza? ¿Los vas a matar porque no son bebés todavía? Una vez alguien me dijo que no se diferenciaban del cáncer, dijo que los embriones eran solo células malformadas que se alimentaban de una mujer. 

Supongo que la ciencia estaba de su lado. Supongo que tenía la razón. 

Pero esta idea ya se probó, en China, y se llamaba la política del hijo único. 

Las mujeres eran forzadas a abortar luego de tener su primer hijo. Esta idea se intensificó para los campesinos, porque eran pobres. 

Mao Zedong, el dictador de la china comunista, quería acabar con la pobreza, abortando a los pobres.

No encontró otra solución, ya había intentado todo, incluso asesinar a los «ricos», para redistribuir su dinero entre los pobres.  No funcionó. 

Terminó matando a cerca de 20 millones de personas. Pero no importa, porque eran burgueses, no personas, burgueses.

Hay, así mismo, personas que dicen que estas son cifras falsas. Inventos para desacreditar el comunismo, el sistema perfecto. 

Se podría decir que desde una computadora, donde sólo lees datos y opiniones todo es falso. 

Tenemos que aprender a identificar la verdad enterrada en el caótico mundo digital. 

Para eso hay que salir al mundo, incluso si es metafórico. Salir a buscar la verdad. Incluso si es en una biblioteca leyendo libros, tenemos que encontrar la verdad. 

En el bosque de Katyn en Polonia, si tratas de cavar un hueco con una pala, es casi seguro que encuentres dientes humanos. Hay miles, esparcidos debajo del suelo, que ahora es un cementerio sagrado en honor a las víctimas polacas del comunismo. 

KAtyn masacre, una tragedia par encontrar el alma de la historia del comunismo

Hay fotos de esto, hay familias enteras que han reclamado los cuerpos de sus familiares. Y sin embargo, también hay gente que cree que esos huesos fueron plantados, por sociedades secretas, conformadas por judíos capitalistas que también se inventaron el holocausto. 

Estas personas no quieren saber la verdad, prefieren vivir en su ideología, porque es su religión. Están seguros de qué están del lado correcto y están dispuestos a matar a los que no creen en sus ideas.

Todo esto porque ellos son los buenos y nosotros los malos. Pero ¿Quiénes somos nosotros? y ¿Quiénes son ellos?

¿Si los malos son los que desean el aborto, como en China, los buenos son los que no? 

En Rumania el aborto estaba prohibido y penado por la ley. 

Si una mujer abortaba era lanzada en una celda sucia y fría. Muchas morían abandonadas y hambrientas. 

Las que trataban de abortar debían recurrir a médicos sin licencia que muchas veces las abusaban sexualmente. 

En 1989 cerca de 10,000 mujeres murieron tratando de abortar en clínicas clandestinas. 

Pero Rumania quería igualdad de género y promovió la idea de la «supermujer», aquella que tenía varios hijos, era parte de la fuerza laboral sin distinción con los hombres, completamente capaz de criar hijos, trabajar y aportar dinero al estado. 

Pero esta idea llevó a la pobreza extrema de muchas mujeres. Pronto empezaron a aparecer bebés en las calles, abandonados detrás de basureros. 

170,000 niños rumanos crecieron en orfanatos. Muchos se convirtieron en delincuentes. 

Entonces ¿Quiénes son los malos? 

¿Cuál es la verdad en esta situación? 

Esto es lo único seguro. Todos somos capaces de ese nivel de maldad. No importa cual sea tu causa. Si eres ateo vas a decirme que “ellos” son los malos, los católicos, cristianos o musulmanes. 

Si eres de la izquierda política vas a decirme que los de la derecha son los malos y viceversa.

Y sin embargo, hay algo de terrorista de ISIS adentro nuestro y algo de Robespierre, de Mao Zedong, Mussolini, Fidel Castro, Hitler. Todos ellos tenían buenas causas, estaban convencidos de eso. 

Pero también podemos decidir, podemos hacer nuestro propio camino para no repetir los errores de otros.

Para eso sirve la historia, para eso sirve la literatura, el cine, los mitos. 

Nos enfrentan con la parte buena, pero sobre todo, nos enfrenta con la parte mala que todos tenemos adentro.  

Un terrorista de ISIS era un potencial liberador del pueblo musulmán, en lugar de eso, violó y quemó vivas a mujeres.

Robespierre pudo pasar a la historia como el mesías de Francia, el hombre que acabó con la esclavitud y la pobreza en nombre de la igualdad y el amor mutuo, en lugar de eso, se lo recuerda por ser el líder del «Reino del terror». 

Y esa es la historia de la humanidad, llena de terror pero también llena de héroes.

Como el trabajador anónimo que detuvo decenas de tanques de guerra que iban rumbo al asesinato masivo de estudiantes en la plaza de Tiananmen, en China.

Tiananmen, el alma de la historia del comunismo en china

O el empresario que gastó toda su fortuna dando empleo y salvando la vida de 1,200 judíos en la Alemania Nazi. Firmó cheques para salvar humanos. 

¿Y dónde aprendieron estos héroes a ser héroes? 

Una vez vi un documental que mostraba a un chimpancé. En medio del incendio de un bosque, se puso a cavar la tierra hasta encontrar agua. Salvó la vida de su manada con esta acción. ¿Cómo sabía lo que tenía que hacer? ¿cómo sabía que debía cavar la tierra para encontrar agua?

Aunque los chimpancés no se cuentan historias como nosotros, pasan la información de este tipo de métodos de supervivencia a sus hijos y estos a los suyos. Por generaciones.

Es por esto que todas las culturas tienen mitos o historias donde un héroe cava la tierra hasta encontrar agua.

Pasa con los niños cuando cavan obsesivamente huecos en la arena, Es su instinto, nuestro instinto. Tienes que pensar cuántas personas murieron para que tu estés aquí. Cuántas personas pasaron por épocas de terrible dolor, opresión y muerte. Pero si estás aquí es porque tus antepasados sabían cómo encontrar agua debajo de la tierra. 

Por eso las historias son necesarias, para que tu cerebro «viva» las experiencias que otros tuvieron que sufrir. 

Y así, llegado el momento, sabrás lo que tienes que hacer ante una situación similar. 

Si lees sobre la mujer negra que se negó a levantar del asiento porque ese asiento era solo para hombres blancos, estás sintiendo todo lo que ella sintió, o lo que hubieras sentido si estabas a su lado. Eso está en tus genes, y en los genes de todos nosotros. 

Por eso nos gustan las historias, incluso si no sabemos leer, porque las podemos escuchar. 

Y el que tenga el poder de contarla bien, también tiene el poder de convencernos de la verdad. 

La única forma de que sepas identificar una historia llena de mierda, de una verdadera, es si lees tantas, que al fin, encuentras el alma de todas las historias. 

Entonces ¿Qué vas a ser? ¿Un monstruo, o un héroe?


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