La mansión de basura de los hermanos Collyer

En 1933, a los 51 años, Homer Collyer empezó a perder la vista y su hermano Langley se obsesionó con crear una cura. Estaba convencido de que su hermano sanaría consumiendo grandes cantidades de jugo de naranja (aproximadamente tres galones a la semana) y con una dieta estricta a base de leche y mantequilla de maní.

Quienes conocían a Homer, sabían que su hobby favorito era leer el periódico. Por eso Langley se propuso guardar uno cada día, hasta que su hermano recobrase la visión.

Pero nunca lo hizo y con el tiempo Langley llegó a acumular cerca de 150 toneladas de periódicos y otros objetos como ametralladoras antiguas, esqueletos de animales, latas de conservas, relojes, una máquina de rayos X e incluso, esqueletos humanos.

Homer y Langley Collyer eran dos hermanos nacidos de una familia adinerada en Harlem a finales del siglo XIX, cuando el barrio aún era exclusivo, pero en los años cuarenta, Harlem perdió su estatus y se convirtió en una zona peligrosa. 

Langley construyó un sistema de trampas a lo largo y ancho de la casa para evitar la visita de ladrones.

Esto provocó un encierro voluntario que Langley alteraba solo de vez en cuando, para ir a comprar comida para él y su hermano.  

Un día de marzo de 1947 Langley activó accidentalmente una de sus trampas y murió aplastado por el peso de cientos de paquetes de revistas y periódicos. 

Homer logró sobrevivir solo unos días más. Nadie escuchó sus llantos y gritos de ayuda. 

Estaba atrapado en la serie de trampas que habían en su casa, sin comida ni agua y respirando el aire contaminado por el cuerpo putrefacto de su hermano. 

Homer murió de inanición y deshidratación el 21 de marzo, solo unas horas antes de que la policía y los bomberos allanen la casa, tras recibir quejas de parte de los vecinos por el mal olor que emanaba del lugar.

Actualmente este síndrome recibe el nombre de los hermanos y es similar al Síndrome de Diógenes. 

Se usa  para nombrar al desorden patológico de acumular compulsivamente basura y cosas inútiles.

Escrito por Salomé Velasco. Editado por Alejandro Aulestia


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